Si alguien descubriría que no quiero vivir, pero sigo buscando desesperadamente una razón, por estúpida que sea, para ver belleza en toda mi oscuridad.
Descubriría que lloro más de lo que río, porque en mi mundo, las sonrisas están tan caras que hay que hipotecarse en lágrimas. Que cada noche duermo con el miedo de volver a despertar. Y de soñar, de verme sumergida en una vida mejor, en un solo momento mejor, y maldecir la luz al abrir los ojos. No es bastante con llorar por el presente, que el pasado pasa una factura también muy cara.
Quizás vería que tiemblo de miedo e inseguridad a cada paso, recordando todos los que han sido en falso, y rezando a ningún dios para que no se vuelvan a cometer. Y cuando creo que ya está, que algo o alguien ha escuchado mi súplica, que he conseguido encontrar la casilla correcta, vuelvo a certificar que nadie escucha mis gritos.
Sabría que cada vez que digo que me odio hasta la muerte, me toman por loca, o se enfadan conmigo. Pero es tan profundo que no hay forma de librarse de ello, y solo lo calma herirme una vez más, un arañazo, un puñetazo más. Y sentir que estoy loca después, obligarme a la fingida tranquilidad que me intenta acompañar cada día.
Porque los nervios me acabarán por consumir. Ha habido tantos momentos en los que temblar por miedo se mezclaba con los nervios, con el frío del mundo…que simplemente quedaba cerrar los ojos, dejar de ver este mundo que me ahoga. Y cerrar los ojos en cada multitud, para sentirme menos sola. Lo único que me hace sentir mejor es un espacio tan pequeño que no entremos mi miedo y yo.
Si alguien me conociera de verdad vería que lo intento. Que lucho cada día más de lo que parece. Que me cuesta seguir. Que mis ganas de intentarlo de nuevo son cada vez más débiles. Porque cuanto más rápida es la subida, más fuerte es la caída.
Sabría que en realidad todo me ilusiona demasiado. Que un solo beso puede abrirme un mundo de felicidad. Pero que dura aún menos que el propio beso. Cada vez que me ilusiona algo, simplemente se rompe. No importa lo que haga, lo que me esfuerce.
Tal vez conocería mi soledad. Que de verdad no importa a cuantas personas tengas alrededor. Basta con tener una que lo llene todo. Pero yo me quedé sin nadie, es lo único que se me da bien. Y me regodeo en mi propia maldición, viendo como el resto del mundo está rodeado de gente, como sus vidas parecen tan felices y perfectas. Y luego simplemente suspiro, porque se que la mía nunca volverá a ser igual.
Una vez fui feliz. Lo fui tanto que no era consciente de ello. Y lo volví a ser. Pero lo dejé escapar. Aún no se como, y aún lucho por recuperarlo. Pero da igual lo que corra, se escapa demasiado deprisa. De vez en cuando consigo arrancarle un trozo, un trocito que da algunos días de esperanza. Pero ¿de que sirve? Si es tan pequeño que sirve para subir, pero te suelta a muchos metros de altura. Y el golpe de caída es peor que cualquier cosa.
Solo soy un saco lleno de ilusiones rotas, pero ¿sabes que? Todos los dias me repito que ojalá no fuera nada.

